miércoles, 24 de octubre de 2007

DEAF

Hoy publicamos prontito, que luego entra la vagueza.

Terminado ya el festival de teatro ahora le toca el turno a DEAF, el festival de artes electrónicas de Dublín. Este festival se centra princialmente en la música electrónica, pero también incluye proyección de películas e instalaciones interactivas.
Este año el festival está dedicado en concreto a Asia, incluyendo a artistas japoneses, chinos y tailandeses, además de artistas irlandeses con influencias asiáticas.
Para los habitantes de Dublín que lean esto y les interese aquí está la Web: DEAF

sábado, 20 de octubre de 2007

Cumpleaños

Como muchos ya sabeis el jueves 18 fue muy cumpleaños. Primero muchas gracias a todos los que me felicitaron por el blog o por otros medios. Y antes de que lo pregunteis he cumplido 25 años. Si, si, aun soy un jovenzuelo, pero no deja de ser cuarto de siglo.

El jueves tuve por supuesto mi tarta de cumpleaños (de tiramisú), que podeis ver en la siguiente foto:




A Yolanda le cuesta mucho aguantar hasta el día correspondiente para dar los regalos, así que tuve el mío una semana antes de tiempo. Pero yo encantado, ya llevo una semana dándole caña a mi Super Paper Mario. Porque sí, hemos conseguido enchufar la Wii al ordenador, aunque eso es tema para otra entrada.


En fin que mi primer cumpleaños en Irlanda ha sido un éxito. ¿Habrá más? ¿dónde estaré a estas alturas el año que viene...? Me encanta la incertidumbre (¿será por eso que soy fan de Lost?).


Os dejo con la obligatoria foto de familia:




jueves, 11 de octubre de 2007

Muévete por Dublín

Me he comprado una bicicleta (la verdad es que hace ya algún tiempo que la tengo). Ha sido una buena decisión.

En Dublín puedes utilizar 3 tipos de transporte: el DART (es como el tren de cercanías), Luas (el tranvía) y el autobús.

El Dart lo hemos usado varias veces para ir a Howth. Es cómodo y rápido, pero más vale no depender de él. Tarda demasiado en pasar por la estación. El que tiene mejor fama es el Luas: rápido, limpio y puntual o al menos eso dicen. Nosotros no lo hemos probado. Sólo son dos líneas y encima no están conectadas.


Y finalmente el autobús. Comunican toda la ciudad pero el servicio es desastroso. No todas las líneas comienzan a la misma hora por la mañana (en mi caso no tengo autobús para llegar a las 7 al trabajo, motivo por el que necesitaba la bici). El intervalo puede ser de 15-20 minutos a 1 hora. La mayoría de las paradas no tienen marquesina y algunas veces ni el cartel del autobús que pasa por allí. Además por motivos de seguridad si no usas abono tienes que pagar el precio exacto en monedas por lo que te pasas la semana ingeniándotelas para no cambiarlas. La salida y la entrada son la misma, por lo que se pierde mucho tiempo en cada parada...


Lo mejor, la bici. Te ahorras esperar y evitas los largos trayectos, lo malo es el clima y los precios. Las bicis no son nada baratas, algo normalito no baja de los 300-400€ (sin contar el casco, el chaleco reflectante y el candado). Para aquellos que no se quieran gastar mucho en una bici nueva hay una tienda en la UCD, University College Dublin, en la que puedes comprar una por 150€ más o menos y no tardan mucho en hacerla si la has encargado antes de que empiecen las clases.

A pesar de lo cansado que puede ser es muy agradable poder montar en bici todos los días por la ciudad.


miércoles, 3 de octubre de 2007

Mercado Temple Bar

Todos los sábados en Temple Bar hay tres mercados: de comida, de libros y de ropa. Es una cosa bastante reducida, pero es una curiosidad más de la ciudad así que allá que nos asomamos.

La verdad es que el de ropa no lo hemos llegado a ver, así que podría ser perfectamente una leyenda urbana.
Respecto al de libros... bueno, la verdad es que llamarlo mercado es mucho más que un eufemismo. A continuación teneis una foto del mercado de libros, de TODO él.




Sí, son tres puestos. Y de hecho uno de ellos es de cds. Es curioso que una ciudad tan literaria como Dublín, y con tantas librerías de hecho, no tenga un mercadillo de libros decente. Bueno, quizás existe y yo no lo conozco. Si hay alguien que sí, por favor que me lo cuente.

Y luego está el de comida. Esto ya es algo más serio. Tampoco es que sea muy extenso, ocupa simplemente una plaza interior, pero tiene algo más de variedad. Puedes encontrar puestos con comida preparada de diversos paises (desde sushi hasta tacos o comida vegetariana), otros con verduras y frutas, dulces. Es un buen sitio para encontrar algunos productos que no puedes encontrar en el supermercado, como algunos embutidos o carnes. Personalmente cuando fuimos no íbamos preparados para hacer compra, pero nos dimos un par de caprichos.




Sí, eso son aceitunas, pero no son mías. Las detesto.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Algo es algo

Bueno, aquí estoy otra vez con una nueva excusa para la tardanza (que no es buena excusa, pero bueno).
¡Por fin he encontrado curro! Bueno, más o menos. Estoy de temporal en servicio técnico. He estado quince días y de momento me han ampliado otros quince. La verdad es que hago menos incluso que lo que hacía en Metro, pero bueno, mejor aburrirse que matarse a trabajar, ¿no? Y estoy aprovechando para leer mucho (libros cuya crítica podeis leer en el estupendo blog Now reading). ¿Publicidad? ¿que publicidad?
Así que este mes el bolsillo va a respirar un poco más tranquilo, y ya era hora...
Nada más por el momento. Corto pero intenso.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Newgrange


El sábado pasado realizamos la que es hasta el momento para mi la mejor visita que hemos hecho. Por fin decidimos salir de Dublín (ya era hora después de 2 meses aquí) e ir al condado de Meath, en el norte, para ver Newgrange una de las tumbas megalíticas mejor conservadas del mundo. La opción que tomamos fue la más cómoda, la de apuntarnos a un tour en autocar. Esta elección tiene sus ventajas, como es el hecho de tener medio de transporte asegurado entre todos los puntos a visitar y guias en todas partes. El problema es, claro, que te llevan con correa a todas partes, y no hay manera de detenerse un rato a disfrutar las cosas.
El tour comenzaba en Busáras, en el lado norte de la ciudad. Desde allí se dirige a la primera parada en Monasterboice, donde se impone la torre del antiguo monasterio (una característica común a los monasterios medievales como protección contra los invasores) y un cementerio con 3 cruces celtas del siglo XI. La lástima es que es una parada de apenas diez minutos con lo que no hay mucha oportunidad de contemplar la zona.






Desde aquí giramos hacia el sur para visitar las ruinas de un antiguo monasterio cisterciense (de hecho el primero de Irlanda si recuerdo bien), Mellifont. No queda mucho de lo que originalmente era el edificio, más alla de la base de los muros, debido al expolio que sufrió en siglos pasados como fuente de piedra para construcciones cercanas. Aun así se puede apreciar bastante bien el gran tamaño del recinto y la disposición de las salas. Hay además un recorrido guiado de una hora, donde se explica con bastante detalle la vida monástica de la época y las características del edificio en si. Los cistercienses tenían una tendencia a alejarse del lujo y la decoración que adorna tantas iglesias, y esa era la intención de los monjes franceses que ayudaron a la fundación de este monasterio. No obstante no contaban con la oposición de los monjes irlandeses que, básicamente hicieron lo que les dio la gana, de modo que se puede observar bastante ornamentación en los dos edificios que quedan: el lavabo y una de las capillas.


Como curiosidad decir que cuando los monjes se marcharon de aquí (en realidad Enrique VIII les echó) pasó a ser la residencia de una importante familia noble.

Y después de esto por supuesto el plato fuerte, Newgrange. Aquí ya no depende de si vas con tour o no, el tiempo que puedes estar en el lugar es limitado, ya que el acceso no es libre, sino únicamente a través de los autobuses que parten del centro de visitantes del Valle del Boyne. Toda la zona es en general una necrópolis megalítica de 5200 años de antigüedad (Brú na Bóinne), con tres tumbas de corredor principales (Knowth, Dowth y Newgrange) y una serie de pequeñas tumbas menores, visibles por el camino o desde lo alto de la colina de Newgrange o Knowth (las dos únicas abiertas al público).

La llegada a la tumba de Newgrange en sí es idílica. Desde el centro de visitantes se pasa por un puente de madera sobre el río, rodeado por una típica estampa irlandesa de praderas verdes (y ganado). Después se toman unos microbuses que atraviesan los caminos entre los campos vallados hasta girar alrededor de la colina de Newgrange, proporcionando una primera vista del monumento.

Lo primero que se aprecia es el llamativo muro exterior reconstruido a partir de una simulación de lo que se supone debía ser el muro original. La entrada, las enormes piedras (algunas de ellas decoradas con motivos de espirales) y el montículo en sí siguen siendo los originales. Esto se debe a la suerte de que la tumba se hallara oculta hasta el siglo XVII cuando fue desenterrada por accidente. Además en un lateral de la colina hay restos de una construcción posterior de la Edad del Bronce.



A continuación viene por supuesto lo mejor de todo, la entrada a la tumba. Primero se atraviesa el hueco que hace de puerta, bajo una inmensa roca situada horizontalmente. A continuación hay un largo pasillo, no apto para claustrofóbicos, donde en más de una ocasión hay que agachar la cabeza y pasar casi de lado (bueno, vale, estoy gordo, ¿algún problema?). Finalmente se llega a la camara principal, donde se puede contemplar un techo en bóveda. En esta cámara hay otras tres subcámaras con una especie de recipientes de piedra y grabados de espirales (y de visitantes gilipollas). Una de las características más interesantes de Newgrange es que está orientado de tal forma que en el solsticio de invierno el sol entra por encima de la piedra de la entrada e ilumina esta sala durante dieciesiete minutos. Aquí viene el momento turista y a la vez el mejor. En este punto la guía apaga las luces, y te encuentras a oscuras durante un instante en esta cámara construida 500 años antes que las pirámides de Gizah. Es pura magia. Después se hace una simulación del solsticio de invierno, con una luz proyectada desde el fondo del pasillo. Puede estar bien si consigues abstraerte lo suficiente. Yo no pude evitar tener una cierta sensación de artificialidad, aunque me alegro de que lo hagan, ya que es muy difícil poder ver el de verdad (se hace un sorteo entre todos los que han visitado Newgrange durante el año que quieran participar para ser invitados allí el día del solsticio). En general es una visita realmente emocionante.

Después el regreso por el mismo camino hasta el centro de visitantes, con la sensación de no querer volver a casa.

Y el largo viaje de vuelta con el autocar y un conductor ya cansado de hablar (no me extraña, porque rajaba una barbaridad en la ida, aunque muy simpático eso si) que nos puso una cinta de música típica irlandesa.

Resumiendo, lo mejor que he visto hasta ahora en este pais, estoy casi seguro de que volveré algún día, aunque quizá ya me salte lo del tour y coja un autobús directo a Newgrange. Y cruzo los dedos para que me toque la visita del solsticio. Es difícil, pero bueno, a alguien le tiene que tocar...

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Culture Night

El viernes fue la Culture Night 2007, el turno irlandés de la Noche en blanco que se celebra en toda Europa. Claro que para los irlandeses "late night" son las 10 de la noche, así que a esa hora acababa todo.



La oferta era muy amplia, si bien a primera vista no había demasiadas cosas especiales. La mayor parte consistía en visitas gratuitas guiadas o galerías y museos que se pueden visitar en cualquier otro momento y con menos gente (pagando, eso si). Por ello nos dispusimos a buscar eventos únicos, es decir, actuaciones, etc.


En primer lugar elegimos (he de decir en mi defensa que no fue mía la elección) una muestra de fabricación de abanicos chinos en la Chester Beatty Library (lugar que recomiendo encarecidamente, con una de las colecciones de objetos religiosos más impresionante que he visto en mi vida). No quiero ofender a nadie, pero la verdad es que lo que presenciamos fue una clase de pretecnología de cuarto de primaria. Las técnicas milenarias incluían pegar un dibujo impreso en un papel en un trozo de corchopan o algo parecido, recortar con cutter (los niños con tijeras sin punta), clavarle un palo de helado y después dar el toque final con purpurina y pegamento.










Finalmente nos dieron un papel explicando la simbología de los colores en la ópera clásica china, lo cual hubiera sido fascinante como parte de la charla que no existió. Vale que la cosa estaba orientada más bien para niños, pero nadie lo avisó y además no había ni siquiera taller, sino que les dieron el material a los niños y tirando: "ahora hacedlas vosotros. EN VUESTRA CASA."


Después empezó lo bueno. La verdad es que andar por el centro esa noche era una gozada, porque ibas encontrándote espectáculos y exhibiciones a cada paso. Primero, a poco de salir de la biblioteca, nos encontramos con un coro de gospel, claramente no profesional pero con mucho entusiasmo, cantando en una de las puertas del Dublin Castle.





También allí al lado había una visita guiada al Dublin City Hall, donde aun se pueden ver los agujeros de bala de la insurreción de Pascua de 1916 (no en la foto, lo siento).





Posteriormente fuimos al Centro de Música Contemporánea de Dublín para un momento mágico. Tras subir un par de tramos de escaleras entramos en una pequeña habitación, con una mesa alargada con tres tipos delante de tres ordenadores y un montón de aparatejos que no pude indentificar. Había sólo un par de sillas, así que casi todo el mundo (cabían unas 15 personas en cada sesión de 40 minutos) se sentó en la moqueta. Y la verdad es que era el mejor sitio. Nunca he sido muy fan de la música electrónica (salvo cuando la hace Radiohead, claro) pero esta vez realmente mereció la pena. La música (o el ruido) que se creó en la sesión (supuestamente improvisada) iba desde un tono relajante hasta momentos cuasi-épicos que te ponían en mitad de una tormenta. Al principio me entraron ganas de cerrar los ojos para disfrutar de la música, pero pensé que iba a parecer un poco ridículo, hasta que miré a mi alrededor y vi que casi todo el mundo lo había hecho ya. Sublime.



Perdonad que me haya puesto tan poético/pedante, pero es que no encontraba otra manera de contarlo.





Después de esto nos acercamos a una tienda de Oxfam, donde había un cantautor con más ganas que calidad. Aun así estuvo simpático (y nos compramos un par de libros, como no podía ser menos). Aquí teneis un poco de la actuación. Giro de cámara cortesía de Holy's Entertainment (y no, no tenemos un editor de vídeo)







Finalmente dimos una vueltecilla por Temple Bar donde había actuaciones (como siempre), exposiciones de fotografía, etc; para acabar cenando en un local clásico, un kebab.

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